Quisiera tener la capacidad para sintetizar todo mi dolor en una simple expresión. Me gustaría que en ese minúsculo espacio, cupiesen todos los segundos en los que ha sangrado esta herida. (Si se suman,  estos pequeños impulsos de aguja que nos ponen en bandeja el vacío de la incertidumbre se remontan a 21.427.200 ).

Después, mi consuelo se traduciría en que mi yo interior -atrevido, diáfano y honesto- disertara conmigo mismo, desprovisto de convencionalismos y precisos embozos, sobre calendas, utopías y compromisos adquiridos. Entretanto, yo prendería una vela por los sueños enterrados en su silencio y en su  indiferencia. Y esperaría la llegada de mañana, un día tan vacío como ayer.

Me gustaría seguir, como hago cotidianamente, yendo a rezar por su presencia en el banco de aquella estación de autobuses, y que ella apareciera con su colorido bolso de viaje y su bolsa de caramelos, donde marginaron al color de sus labios. Después, rogaría a Melkart que desde el Campo del Sur se volviera a divisar La Habana.

Pasaría por cada hogar que ocupamos, y volcaría mis sentidos para recordarla en sus espejos. Resolvería la ecuación del tiempo y el espacio para que nacieran ilusiones a finales de febrero, y maravillas a principio de noviembre. Mataría por visitar un rincón más con ella, y contaría 100 veces aquella gracia del paquidermo… Me bañaría en sus ojos, y bebería de su misterio.

Más tarde, para terminar el día, me sentaría en cada una de sus preocupaciones, y la despojaría del velo del pesimismo. Le mecería el pelo y le hablaría del medievo mientras queda dormida.

Prometería, por último, no volver a mirar atrás para perderla  como Orfeo…

Pero tras ese mero deseo utópico, Cronos aparecerá certero para clavarme la lanza en el costado y recordarme que el compromiso se partió en mil pedazos.

…¿Qué haría de mañana un día especial?… Para mí tendrá la misma naturaleza constitutiva que ayer. No sentiré más que lo que he sentido hoy, y hoy no se diferencia del resto de mi tiempo.

 

Mañana amanecerá, y volveré a dialogar en soledad como un loco, y después visitaré aquel banco de aquella estación…

 

Luna creciente, alma menguante

Te observo. Altanera y llamativa. Luna que creces en belleza, luminosidad y desparpajo. Que te adueñas del firmamento con honrosa humildad. Destacada eres entre los astros que te miran con envidia. Tú, que detentas la posesión de miles de poemas, te miras en palabras pentagramadas y coqueteas en la noche con los amantes de la pretensión imposible…

Hoy, Selene, ni tú albergas sentido. Ya no eres el vértice que unía nuestras miradas en la distancia. En ti tampoco me encuentro, porque ya no eres su reflejo. Hoy eres Luna Vacía, tu quinto estado, mi desesperanza ilimitada.

Existencia, soledad, olvido.

¿Qué sentido tendría la existencia de los Formaré, si Eire no fuese la isla a la que siempre aspiraron? Quizás Casement hoy sería recordado por su excelente labor como diplomático y humanista, y no por su inefable, desgarrador y cruel olvido, en el páramo de un pasado vilmente reconstituido.

Pero he de volver a la cuestión que hoy ocupa mi incertidumbre. La razón de la pervivencia de algo está en su propia naturaleza, así cómo en las cosas ajenas que la constituyen, la pulen y la moldean. De hecho, estos detalles determinan las causas de que la vida tenga sentido y siga su curso. Me refiero, en efecto, a que el iunaturalismo margina y es fulminante con los elementos excedentarios, y que, por ejemplo, el sonido no es, sino hay oídos dispuestos a escuchar.

Y en esa dicotomía vital, mora este blog. Profiere sus gritos desde Arán, pero no existen ya receptores en Carrauntoohil.

…Tú ya no te pasas por aquí, y el fundamento de este espacio carece de razones. No te acuerdas de él, y en consecuencia ¿para qué seguir atado a lo que comenzó sin ti, pero contigo?. ¿Recuerdas?… Escribía sobre María en este blog antes de conocerte, te imaginaba, me transcendías. Después lo leíste, te conocí, renací, seguí escribiendo y te marchaste. Ahora, si no están tus ojos que den vigor a este lugar…

¿Por qué siguen brotando letras, de la fuente ya seca de mi sollozo?.

 

Diálogo con Gala.

“Tu amor, ayer tan firme, es tan ajeno,
tan ajenas tu boca y tu cintura,
que me parece poca la amargura
de que hoy mi alrededor contemplo lleno.”

Tan lejana que por espacio interpreté que el tiempo infinito, hiere sempiterno mi ánimo desbocado, mi voz quebradiza, mi halo desprovisto de vida. Quizás sea mejor despojarse de la vida que ya no existe, y dejar de anhelar ese tono rojizo que ayer me dio el hálito necesario para continuar viviendo.

“El mal que hiciste lo tomé por bueno;
por agasajo tu desgarradura:
ni yo abro el pecho a herida que no dura
ni con vinos de olvido me sereno.”

La serenidad hoy es utopía, el dolor tan cotidiano que lo ornamenté con desconsuelo.

“Mi corazón te tiene tan presente
que a veces, porque vive, desconfío
que sienta el desamor como lo siente.”

Siento ser como soy, siento pensarte como ayer, aún no siendo la misma. Desconfío que vuelvas, pero en ese deseo pervivo…

“Yo he ganado en el lance del desvío:
de nuestra triste historia únicamente
el arma es tuya; todo el dolor, mío.”

…Sólo mío…

Agonía y olvido

Miento si digo que aún no veo belleza en ese halo mágico que por rodearla, la transciende. Continúo en la semántica de la estética, y descubro que aquella palabra toma un significado absoluto, especialmente, cuando me fijo sin pudor en su rostro, cargado de matices y acabado en una sonrisa de las que te arrebata la palabra.

La recuerdo frente a mí, caleidoscópica, en el momento exacto de probar su ternura. Cuánto no habrán caminado mis pies por buscar tan álgido y perdido momento.  Y en ese supremo instante, me detuve hoy bajo un nuevo e incesante aguacero en el solar de mi recuerdo evocador.

Y sí. Por doler, hasta el dolor dolía. Y por una vereda empedrada subí a lo alto de aquel paraje, me senté sobre mi desasosiego y miré a aquel robusto molino de viento. 

“he venido hasta aquí, para pedirte consejo. Si te despojaran de las aspas, ¿qué sentido tendía que Zephiro arremolinara los espíritus de estas tierras? “. 

Me contestó, reflexivo: 

“Lentamente, y con el paso arrogante de los tiempos, me erosionaría el áspero levante. Marchitaríame entre sus virulentas ráfagas. Yo sólo tendría que cerrar los ojos para dejarle hacer mientras agonizo en el martirio de la añoranza de lo que un día fui. y caería al atardecer de un violento día de temporal…”

Imagen

 

Espejo en La Janda.

Entre labiérnagos, madroños y mirtos, y ante todo pinares de frondosa presencia, me acodé en un balaustre corroído por el paso del tiempo. El leve cantar de mirlos y gorriones anunciaban la cercanía del letargo otoñal. El contexto me invitó a meditar en silencio, mientras oteaba el salvajismo temporal adoptado por la Janda.

Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue el cielo giorgionesco que ante mis ojos se presentaba amenazante y majestuoso al tiempo. Las nubes herían mi sentir por su brusca tonalidad, grisácea y estridente. Parecían tomar vida y querer abrumar la perspectiva con un grito siniestro, y a lo lejos se apoderaban de las moradas lejanas, dejando entrever, con timidez, las fachadas calinas de las que parecían sobrevivir.

Tronaban en estruendo. La lluvia destapó que la ira del cielo hoy era algo más que un simple celaje. Estoy convencido que el aguacero que se observaba desde mi perspectiva era un llanto desconsolado, como si alguien le hubiese hecho un daño irreparable, inmenso, voraz. 

Sentí miedo, me vi reflejado de pronto, y frente a un espejo natural. Cómo puede ser tan sabia la naturaleza, y tan frágil al mismo tiempo. Como puedo mantenerme en pie, si tengo rotos mis sentidos. 

Sólo llueve. Dicen.Imagen

Aclaro…

Pese a tu atrevimiento. A tu falta de interés. A tu abandono repentino. A que ya no te pasas por aquí porque no quieres ni un sólo de los sentimientos que quedaron grabados, seguiré alegando, porque aún indescriptible, la voz de quién te perteneció no se apagó con tu desplante. 

Se fue. Morí

Me quedé ciego. Mis manos resultaron desgajadas como canchos quebrantados ante la helada estridente y fulminante de enero. Las fuerzas abandonaron mis raquíticas piernas. Y la voz, ayer vibrante y envalentonada, hoy es huero hilo que apenas llega a quejido.

Se fue, y fallecí. Pasó el tiempo, y en cada segundo consciente continué muerto. Pasaron horas, días, semanas y meses. No hallé refugio, ni consuelo. Nadie me guardó luto, pues me creyeron vivo. Y entre cortinas divisé que la niebla a destiempo en agosto me robó el estío con el que antaño soñaba.

Me quemó el sol, y aún sentí la frialdad de la hora suprema. Quise seguir sin motivos y me encontré el despropósito de un imposible.

El otoño no me hizo favores. Me dejó aún más en la recreación de esta soledad, en la que mi espíritu mora en un Hades sobre una colina flanqueada por molinos y necedades, a la que el Atlántico da bravura y el levante erosiona.

Cuando llegué, me hice de sal. Ahora sólo deseo que el viento haga lo oportuno con mi nueva naturaleza…

Renacimiento.

Acaparar tus labios es como hacer escala en la majestuosidad de bellos parajes, como acodarme sobre la ménsula exacta de la ventana de tus ojos, y curiosear desde tal atalaya como quien juega a encontrar razones, en un campo de motivos. Y entre razón y motivo, no he podido evitar el darme cuenta de que de tus pupilas emanan un torrente transido, absorto de mal augurio, vano en colores…

Por eso, no quieras hallar en esta primavera más tristeza que enriquezca la aflicción de tu mirada. No creas que por marchita la suerte no volverá. Ha de haber, en cuestiones que hoy nos son ajenas, cientos de pretextos para remontar el vuelo. Quizás mañana…

Quizás mañana vengan despertares, hogueras de esperanzas avivadas por el fuelle de un impulso que habremos de tomar de la mano. Tal vez en esa maraña de fuego y desvelo, renazca el color que la preocupación te ha usurpado. Y de ese salto vivaz, brotará entusiasmo, y tus ojos volverán a ser caleidoscopio, y acapararé tus labios, sin necesidad de hueros textos evocadores…

http://http://www.youtube.com/watch?v=toWYSUEpswQ

La barca de Mesektet

¿Qué tienen que decir mis ganas acerca del remolino que provoca tu presencia? Quizás sientan lo mismo que mi impaciencia con tus labios a bocajarro. O tal vez su inquieta naturaleza les haga caer en la rudimentaria levedad del impulso más básico.

Lo cierto es que cuando vuelan mis ojos hacia el precipicio de tu sonrisa, me siento morir como gazania en colonia de hiedras. Entonces, sólo resucito con tu certero roce, astuto por saber el momento preciso, y tonificante a causa de su virtuosidad.

Insisto en la idea de proyectarme en un juego eterno donde la circularidad es la razón dominante, y mi esencia alborea y marchita en pro de mi dependencia.

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